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En vez de hablar aquello negativo, lo guardas.

Veníamos caminando por el barrio un grupo de entre 7 y 10 muchach@s. Entre ellos estaba quien que fue mi noviesillo de mentirita (Paco) pero para entonces habíamos terminado. Durante la caminata estaba relajeando con un amigo (Juan) y ante su incansable jodienda le grité impulsivamente: ¡Paco YA! Queva, no pude abrir más los ojos ante el desconcierto que me causó mi propia reacción. ¿porqué no dije –¡Juan YA!- si estaba jugando con Juan, no con Paco? La burla fue fuerte y aquella es una de las grandes vergüenzas de mi adolescencia.

Quedé expuesta por mí misma sin querer. No entendía cómo pude ponerme en vergüenza involuntariamente, así de la nada. Lo que sí sabía es que en esa relación sentimental callé tantas cosas negativas y ese silencio me afectó de manera sorprendente. Más adelante escuché de la psicóloga Alegría Constable que reprimimos las situaciones desagradables y quedan en el inconsciente, pero si no les damos atención ellas buscan cómo salir. Tarde o temprano se revelan de una forma u otra. Según escribe Juan David Nasio en el libro titulado ‟Los Más Famosos Casos de Psicosis”: …Pero ¡ese episodio es historia vieja! ¡Es el pasado! Ciertamente, en el nivel consciente, es un asunto clasificado al que no tiene sentido volver, pero para el inconsciente, el tiempo no existe. Lo que se vivió deja una huella.

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Sigues tu vida normal como si nada.

Ciertamente las decepciones amorosas, el padre o la madre que no estuvo, ese familiar que abusó física o emocionalmente, haber fracasado en el deporte o en aquella profesión, aquella traición de una persona en quien confiabas, esa ilusión rota, el sueño que ya se ve inalcanzable… explotarán, de alguna manera se manifestarán mañana o en cinco años, esconderlo todo en el cajón será peor. Y sólo a partir de tratar todo eso que metemos en la gaveta, sólo desde allí la restauración es posible.

Hay una persona que me acogió bajo sus alas a mis violentos 16 años. Ella siempre ha sido de madrugadas, patines, paseos y bicicleta. También es fan del Casco Antiguo y un día que -bicicleteó por allá me escribe: ‟Cuando iba pasando por los edificios restaurados, los miraba y decía: ‘es que son hermosos’. Y me gusta más cuando en la restauración combinan lo nuevo con la exposición del original”.

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Y cuando menos lo esperas, PUM! Explotas de repente.

Pregunto: si en vez de restaurar el Casco Antiguo alguien propusiera: ‟mejor vamos a derrumbar todo esto y construyamos nuevas e increíbles instalaciones modernas”, ¿estaría de acuerdo? Seguramente a l@s amantes de la historia, la arqueología y las raíces panameñas les parecería una idea súper descabellada. En este caso lo viejo vale mucho porque nos recuerda que existen héroes y heroínas, que se puede sobrevivir a lo peor, que no somos débiles, qué siempre hay opciones y que definitivamente todo pasa, todo lo malo pasa.

Los edificios antiguos restaurados tienen cierto sabor a eternidad. Son estructuras que superaron las inclemencias del tiempo, de las épocas y, en ocasiones, del abandono humano. Te dejan saber que tenemos en nuestras manos un trozo de pasado, es decir que el pasado no nos domina sino al contrario. Esas huellas del tiempo nos recuerdan lo fuertes que somos y me trae a memoria lo que Animal Planet y Discovery Channel me han enseñado: el león con más cicatrices es el más dotado para sobrevivir, es el rey de la sabana. Así mismo las experiencias y todas sus huellas serán nuestra fortaleza después de la restauración.

‟Las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas”.
2 Corintios 5:17b

Sin duda no podemos cambiar el pasado. Entonces, ¿para qué desgastarnos en aquello que no podemos cambiar?

Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.
Eclesiastés 3:15

El ser humano es fundamentalmente social. Nadie sobrevive feliz en una isla sol@. Necesitamos de otras personas incluso desde las primeras semanas de vida. Según el Dr. Gabor Maté en el documental “Zeitgeist: Moving Forward”, actualmente es conocido que el simple hecho de que l@s bebés prematuros que permanecen en máquinas incubadoras por semanas y en ocasiones meses sean tocad@s y sobad@s en la espaldita por al menos 10 minutos al día promueve el desarrollo cerebral. En otras palabras, el toque humano es esencial para el desarrollo. Es más, el Dr. Maté asegura que un infante que nunca sea cargado por otros seres humanos morirá. En la vida adulta la empatía y el calor humano también es vital para sobrevivir.

La buena noticia es que existe gente capaz de amar y hacerse amiga, personas que van más allá de su instinto de supervivencia y tienen la disposición de ayudarte. Aman. Rescata a esas amistades que te dan ánimo y esperanza, pide perdón y perdona. Apoya a l@s demás y no guardes registro de los favores que haces aunque sin duda eso vendrá de vuelta cuando necesites ayuda.

14 Las mujeres decían a Noemí:
— ¡Bendito sea el Señor que no te ha privado hoy de un rescatador que será famoso en Israel! 15 El niño te dará nuevos ánimos y te sostendrá en la vejez, pues te lo ha dado tu nuera, la que tanto te ama y es para ti más valiosa que siete hijos.
Rut 4:14-15

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Y con quien menos lo esperas.

Gente ha superado lo que tú pasaste. Pregunta.
Abre la gaveta. Evita que aquello viejo salga de modo inconsciente y haga pública tu desnudez.
Procura la restauración.
No te resistas al amor.
¿Cicatrices, ruinas? No, poder.
Sé de valor para otras personas, sé mejor y espera lo mejor.