Me daba la brisa en la cara, a lo lejos escuchaba el río, acostada en la hamaca blanca de la Casa Grande, con los ojos cerrados. Y llegaron como 1000 hombres, estaba medio dormida, me abrumaron, no podía contarlos. Tenían sierras en las manos. Entre los 1000 me cortaron. Por dentro. Me mataron.

Murió mi papá y morí yo.

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Papá

Pero durante cuatro años me revivió mi hermano. Mi Hodor. Medía 1.85, para mí era como un león, TAN grande que me arropaban sus brazos. Me aliviaban sus ojos, su sentido del humor, su risa. Pocos meses después regresaron los mismos 1000 hombres y me volvieron a matar. “Ya no llores Abi, ya voy pa’ la casa, ya no llores” fue lo último que me dijo, literalmente, a las 2am cuando lo llamé ese último día. Él también murió.

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Isaías, Tío David y yo

Nunca lo voy a superar. Hoy lo sé. Sobrevivo como puedo. Me tocó. Punto.

Y por todo eso digo lo que quiero, cuando y como quiero decirlo. Defiendo a quien me da la gana, con ganas. Aguantarse las ganas da mal de orine. Eso lo tengo bien claro, así que evito. Y me importa muy poco si me quieren o me odian. Porque hay TANTAS cosas más importantes. Es estúpido pre-ocuparse por -el qué dirán-, esa estupidez también murió. De lo importante me ocupo. Estoy bien ocupada.

Porque si a duras penas vivo, ¿para qué vivir fingiendo ser alguien que no soy? ¿para alimentar la vanidad y el ego de gente que nunca me amó, que les vale bestia si vivo o si muero, que me son indiferentes, que ni saben qué es el amor? Nombe’ queva’, eso no me enseñó mi papá. Ponte a ver, no necesitamos a esa gente. A tatai’, chaito, goodbye ayer.

Mañana no seré más joven ni tú tampoco. Seré más vieja y tú también. Por eso vivo como me nace, para no arrepentirme de nada. Por si acaso, por si este mundo se acaba al ratito.

Y por todo eso te digo, en serio, NO IMPORTA de qué manera sobrevives a tu miseria. Sea enseñando las tetas, tatuándote hasta la médula, amando a un hombre siendo hombre, amando a una mujer siendo mujer, creyendo en un dios o no creyendo en ninguno, mandando al carajo a quien te oprime, te aprisiona, te da más y más dolor… dolor tenemos suficiente y lo sabes. Mientras no te hagas daño, mientras no dañes a lxs demás, sobrevive como sea. Esperar no vale la pena. Vive como te nace. Pero no seas estúpidx, por favor te pido. Por mi lado, sobrevivo como ya saben.

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Isaías. Así fue conmigo toda su vida.

Aprovecho cuando estoy sola y grito sin parar, digo todas las palabras sucias que me sé y lloro hasta que me da migraña, hasta que algo o alguien me obligue a parar. En el 2002 me encerré en el baño de mi papá y me acosté en el suelo rodeada de sus zapatos y su ropa y todas sus cosas… esperando que todo fuera mentira y él apareciera para rescatarme. En ese momento pensé vivir en el baño para siempre. Agonicé allí hasta que llegó mi abuela Elvia y me sacó. Abuela te amo.

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Papá, Tío David, Isaías.

Una parte de mí aún sigue en el piso de aquel baño. La otra parte siempre encuentra motivos para sobrevivir. Hay motivos.

Por mi parte, le tengo miedo a esos 1000 hombres. A más nadie.

Sobrevivamos, por favor te pido.

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