Las películas de miedo le causan mucha curiosidad a alguien que tengo en casa. Él tiene una fascinación por el mundo de los espíritus y un deseo de experimentar con los sobrenatural que me provoca inquietud. Mi mamá no nos dejó ver Chuky (1988, 1990, 1991) ni Poltergeist (1982) ni Pesadilla en la Calle del Infierno (1984, las de Freddy Krueger) ni ninguna película de terror. “Ustedes no van a ver eso. Esas películas les hacen temer a cosas que no pueden hacerles daño, nada de eso puede tocarlos” nos decía. Siguiendo el tema, también mientras estuve en la escuela se hablaba en los pasillos de juegos satánicos como la Güija (También llamada Ouija) y Juanito. Crecí en una familia cristiana evangélica practicante, les paso nuestro horario:

Día Culto
Miércoles Culto de Oración
Viernes Culto Familiar
Sábados Culto de Jóvenes
Domingos Culto Normal

Papá y mamá nos hablaban poco del diablo y mucho de Dios. Mamá siempre nos hizo sentir protegidos y fuertes. Nos animó a no tener miedo, a no dejar de hacer cosas por pena y así ha sido hasta el sol de hoy. Pero el Diablo y sus misterios envuelve nuestra sociedad de tal manera que tarde o temprano seremos expuestos a ellos. En mi caso, inicié viendo películas de miedo como Los Otros (2001) y Señales (2002). En la primera, la imagen de la viejita vestida de niña me espantó por mucho tiempo. En la segunda, la escena cuando decidieron utilizar el reflejo de un cuchillo, metiéndolo por debajo de la puerta para ver quién estaba del otro lado, me exigía estar acompañada cuando me tocaba asegurar la salida al patio de la casa. Temía que la garra de la película me hiciera daño cuando intentara girar la llave.

Quien cree en Dios y los ángeles como seres sobrenaturales de bondad, generalmente cree también en el Diablo y los demonios como seres metafísicos de maldad. Pero nuestro conocimiento del mundo natural depende de nuestros cinco sentidos: la vista, la audición, el sabor, el olor y el tacto. Y el mundo sobrenatural (que supuestamente existe pero que no se puede comprobar) que no se puede ver ni tocar ¿con qué sentidos lo conocemos o cómo lo explicamos? Y los acontecimientos que sobrepasan nuestra comprensión como la muerte o los desastres naturales o ciertas tragedias, ¿cómo las procesamos?

Cuando no podemos explicar algo recurrimos a lo sobrenatural. Cuando existe algo que nos desarma y nos limita, se despierta nuestra curiosidad y también nuestra creatividad para desarrollar formas de explicar ese algo. Por ejemplo, los escritores del Pentateuco, que formaron parte de una época pre-científica con tecnología limitada, recurrieron a la mitología para explicar su realidad. Para ampliar el panorama mencionaré sólo algunos mitos en la historia bíblica del origen de todo según Gerard Von Rad en El Libro del Génesis:

diablo

Así como los pueblos primitivos recurrieron a los mitos para responder a las preguntas existenciales de la vida humana (de dónde venimos, para qué estamos aquí, de dónde viene el mal, porqué ocurren los desastres naturales, de dónde surgieron los idiomas, etc.) actualmente también recurrimos a formas creativas de responder a lo que no podemos controlar o explicar o entender. Aún en una época científica y tecnológica como la nuestra todavía tenemos muchos enigmas y preguntas sin resolver y entre ellas la más importante de todas es: ¿qué sucede después de la muerte?

Únicamente aquellas personas que han sufrido de cerca los estragos de la muerte pueden entender la impotencia que ocasiona el ver una persona sin vida. No cualquier persona sino una que veías a diario, que vivía en tu casa y que ahora yace frente a ti sin vida, entumecida. Ese evento te estremece por dentro y te introduce a una realidad desconocida: vivir con la angustia de si será posible encontrar a esa persona nuevamente. Lo traduzco como cuando se congela la computadora y aprietas las teclas para que vuelva a funcionar normalmente y sigue congelada; aprietas las teclas correctas y luego las incorrectas y sigue sin responder a tus comandos, hasta que utilizas el último recurso: reiniciarla o apagarla. Una tragedia similar a muy menor escala es cuando se congela la computadora luego de trabajar por horas ese trabajo final, que por confiada no le diste click al botón de “guardar”.

la muerte

Todas las personas procesamos de maneras distintas el episodio de la muerte. Algunas se quedan congeladas para siempre. Otras encuentran refugio en la religión, en la ausencia de religión, en una personalidad encapsulada, en conductas destructivas, en vivir en el pasado evitando el presente por miedo a vivir nuevamente la misma experiencia desgarradora o en el apego de cosas que pertenecieron a ese muerto o a esa muerta. Otras personas aprenden a lidiar con el dolor viviendo al máximo, buscando hacer el bien a la demás gente, despertando cada día sabiendo que puede ser el último y tratando de estar en paz con las personas que importan sabiendo que quizá no habrá mañana.

Y de eso se trata el género del Terror, de darle forma a aquellas experiencias que no se pueden comprobar. No le creo a todo el que dice que vio o habló con seres espirituales. Teniendo hoy la ciencia como herramienta es nuestra obligación servirnos de ella para descartar problemas psiquiátricos como la esquizofrenia o problemas neurológicos como la epilepsia (Caso de Anneliese Michel en el que se inspiró la película El Exorcismo de Emily Rose – 2005). De hecho, critico profundamente aquella tendencia común del cristianismo evangélico que utiliza como frase introductoria “Dios me dijo” para imponer los propios prejuicios del predicador, predicadora o evangelista en turno.

Pero también me parece arrogante dudar de todos los testimonios de experiencias sobrenaturales, sea con seres espirituales o con OVNIs. Y mientras no se pueda comprobar que son creación de la mente o producto del delirio, debe existir una apertura a estos relatos. El acercamiento ligero y burlesco hacia lo sobrenatural me recuerdan películas como La Posesión de Michael King (2014) donde, a raíz de la pérdida de su esposa, el señor King comenzó a experimentar con distintos rituales sin ningún respeto alguno o precaución para entrar al mundo de los espíritus y terminó loco (o poseído).

Nos hablamos mañana. Sueñen con los angelit@s.

Fuentes
Biblia. Versión La Palabra (Hispanoamérica) (BLPH) https://www.biblegateway.com
El Libro del Génesis. Gerhard von Rad. Ediciones Sígueme. Salamanca, 1982.

 

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