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el juanete

Aquí: lo incómodo que quieres hablar

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May 2016

Neither Lash Nor Gift

boytry

At last I had time… I stole time
and thought
about all the things I do and what I choose
are all on remote:
“love a man, not a woman
work to death, get more money
buy a house, get a car
don’t drink, don’t smoke,
and watch out what you do
on your under clothes”,
someone told me I could be punished
if this I ignore.

“Don’t curse”, someone said,
“bad words are not allowed
you can’t hate, can’t dance
can’t lie, can’t fight.
Love. Hope. March.
You must respect authority
don’t hesitate to obey them
they are in that position for a reason
don’t doubt, say yes…
you’ll have a reward in the end”.

Like this I was raised, blinded by a lash or a gift.
Lived like that until a few days ago I woke up from the myth:
Too many children frightened.
Women crying on the streets.
Poverty, men like zombies,
rotten brains, broken dreams.
What is the point mamma, don’t you see?
What that someone told us
Can’t be the only thing.

So I found out that it was religion
an element for such despair
because I ask some people about it
and they felt no love or hope but fear.
(Sigh)
Let’s try this: Go to bed, talk to your pillow,
find out what you want.
Don’t wish for a halo,
that’s not the purpose of life.
Ready?
Go have fun, live, laugh and try.

@eljuanete507
@abimztra

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Por el marido que sos

pivacimga
Ésta es Pibá

La primera vez que vine a la Argentina dejé de pensar que su gente era ridícula como las malas lenguas me habían convencido; me tocaron las mejores personas. Además de su acento que es mi favorito e imito bastante bien (modestia aparte), no estaba muy interesada como para grabarme algo más.

Ahora es la tercera vez y les aviso que si se quieren enamorar, vengan acá. Buenos Aires es una ciudad inundada de parques, atiborrada de verde, de amor, de vida.

Aprendí que la palabra marido era para referirse peyorativamente al hombre que tenía una relación sentimental y sexual con una mujer pero que dicha relación no era legítima sino vergonzosa. El diccionario y sociedades distintas a la mía ya me aclararon.

Si hay algo bueno que decir, no lo calles, dilo.

Si te inspira, sácalo.


Me desperté con los sueños despeinados,
la alegría dormida, los platos sin lavar,
Y te vi.
De negro, por conservar la silueta.
De brazos cruzados, disimulando la intención.
Despreocupado, con tiempo, entre risas,
te vi.
Te salían las palabras tropezadas,
golpeadas las ideas,
no te alcanzó.
Me fui.
Ensayaste frente al espejo, elevaste una oración.
Escuché tu sentir.
Y como en Avatar, hicimos click.
Hoy te seguí hasta el sur,
mañana no sé.
Por el marido que sos,
no hace falta, me sobra la fe.

Aquí están las -gracias- en todos los idiomas.
Por las cachetadas de mentirita,
por la dormida, la lucha libre,
los atajos hacia los libros, las series,
los jabones, el contacto con extraterrestres,
perderle miedo al cuco, los tés variados,
los desvelos por diversión,
los trucos, la comida, los “que bonita” diarios,
lo de que “aquí no acaba todo”, la 4ta dimensión,
Por el marido que sos.

No es pan comido para mí,
Pero podés despreocuparte por la tapa del baño,
los chicles ruidosos,
ser intenso como la gotera,
aunque procurá no dejar que Pibá haga lo que quiera.
Intentá.
Compensás asegurándome que puedo,
aventándome a lo imposible,
diciéndome: perdoná, luchá, reí, olvidá, librate, pensá!
Mi almohada, mi ración:
aquí están.
Soy afortunada porque aunque grito escuchás,
y me esperás despierto,
por el marido que sos.
Hoy caigo en cuenta de que peinás mis sueños,
despertás mi alegría, lavás los platos y
soy feliz
por el marido que sos.

Mientras tanto seguiré tus pasos para ayudarte,
comeré aguacate para mantener mis 14 kilates,
conseguiré puras rebajas,
les haremos ***dejos,
te sacaré de la ruta seguido,
Cabezas vení,
llegaremos lejos.

Los Martes de McDonald´s

ojos de dólar

Cada martes comía papitas y pollo frito de McDonald´s. Mi hermano me decía: “hoy te traigo porque hoy cambian el aceite así que no es tan malo, Abi”. Luego trabajó como diseñador gráfico en la Arrocha y un día me comentó: “mi amigo Guna que limpia las ventanas y eso, tuvo que doblar turno porque el relevo no llegó… antes de irme pude comprarle cena porque sé que no tenía para doble ración”. Pocas personas responden a la necesidad ajena como Isaías lo hacía.

Conjuntivitis Alérgica Crónica… así se llama la condición que padezco en los ojos desde hace un año y pico. La alergia me provocaba tanta picazón que las rascadas que me propinaba me taparon los lagrimales y ahora, desde hace un año y medio, los ojos me lloran sin control. No puedo maquillarme a gusto y ponerme rimmel menos, porque si una brusca me cae dentro del ojo, el problema se agrava. Utilizo 2 medicamentos, más 2 inhaladores, más 2 envases de gotas. El tratamiento para dos meses tuvo un costo de casi $500 dólares, más $300 por la consulta de un alergólogo y un oftalmólogo. No me sobra la plata para costear estos excesivos gastos médicos, pero afortunadamente gracias a dejar de pagar lujos como ropa, zapatos, salón de belleza y comida de la calle, puedo invertir en mi salud.

Fui a ver al oftalmólogo a los Consultorios Paitilla. El doctor me vio durante aproximadamente 2 minutos y me dijo que por el momento no me podía ayudar ya que necesitaba de otro especialista en radiología para evaluarme. Salgo a pagar los $80 dólares y, ¿adivine? Busqué desesperadamente en mi cartera y mi wallet no estaba. Todos en la sala de espera tenían apariencia de rabi blancos (frase utilizada en Panamá para describir a personas que aparentemente tienen dinero, y que generalmente son de raza caucásica -piel blanca, ojos claros y/o cabello rubio-). Yo no soy exactamente lo opuesto a esa descripción, pero mis raíces negras son evidentes. Al darme cuenta de que no podría pagar le dije a la secretaria: ”Joven disculpe, se me quedó el wallet y no podré pagarle ahorita, pero puedo dejarle mi cartera mientras voy a casa y regreso.” La señora me chupó (sonido que se hace con la boca para denotar descontento, sonido por el cual mi madre me cacheteaba ya que se considera falta de respeto), ignoró mi sugerencia y me dice: “espere un momento”, sin voltearme a ver.

Luego de eso, sale una señora de las tantas habitaciones en el consultorio y casi gritando me dice, extendiéndome un papelito: “tome esta cuenta de banco y deposite aquí.” “Lárgese”, me dijo con la mirada.“En serio?”, le contesté con la mía. Salí de allí sintiéndome profundamente mal por no poder pagarles, por ser exhibida como quien está jugando vivo y no tiene intenciones de cumplir. Fui a casa, tomé mi wallet, regresé y pagué. A pesar de eso el trato hacia mí no cambió. Las dos personas que me atendieron, la secretaria y la que salió a exhibirme, son lo que en Panamá se conoce como cholas, término que definiría como una especie de raza indígena mestiza. Éstas dos señoras con seguridad han sido tratadas con desprecio por su apariencia y muy posiblemente están ganando salario mínimo; al igual que yo, pagar un doctor de ese calibre lo lograrían con bastante sacrificio.

Hay varias conclusiones que puedo sacar de eso que me pasó en Panamá. La primera que me vino a la mente es que la culpa es nuestra. La culpa es de nosotr@s l@s pobres porque le damos más valor a quien aparenta tener dinero y es a ese tipo de personas a las que tratamos como seres humanos, con respeto, con dignidad, con sonrisas. Es a la gente rica (o que aparenta serlo) a la que le damos oportunidades y a quienes intentamos hacer sentir bien. De la misma forma me ha tocado recibir tratos mediocres de cajer@s o vendedor@s, porque no me miran a mí sino que calculan la propina que les puedo dejar de acuerdo a mi apariencia. Así he sido tratada por meser@s y por el servicio a pasajeros en los aeropuertos porque mi look a veces no alcanza como para salvarme de sus prejuicios, malos humores, frustraciones y días malos.

Mi hermano y yo aprendimos que la persona tiene más valor que lo demás, a siempre intercambiar de mentirita el lugar de la otra persona y tratar de imaginar qué se siente. Nos educaron para creer que tod@s somos iguales. Pero la realidad de la mayoría de los hogares es otra. Por eso, quienes han tenido acceso a la educación tenemos la obligación de hacer más. A pesar de todo lo anterior, olvido lo aprendido con frecuencia y continuamente me envuelve el patrón social de clases. Repetimos el comportamiento que hemos sufrido de otr@s ¡Que vergüenza!

En fin, la guerra de clases existe. Si usted que lucha por sus dólares no trata bien a sus iguales, quienes tienen dinero menos. El buen trato se contagia y lo cambia todo. No es suficiente decir: “trate como le gustaría que le traten de vuelta” una vez, sino que hay que recordarlo de 2 a 3 veces por día. Si usted es secretaria trate bien al paciente, porque segurito usted o su mamá necesitarán de un doctor. Si es vendedor, mesero, enfermera, cajera o brinda atención al pasajero en alguna línea aérea, que la distinción entre Clase Ejecutiva y Económica sea meramente empresarial y no personal. Y a cualquiera se le queda la cartera, no? Pase la voz.

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