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Que infancia feliz. Me dejaron jugar hasta decir –no más-. Llegué casi irreconocible de la escuela cientos de veces. Reí hasta que me faltó el aire. Comí lodo y sacrifiqué sapitos en el invierno (en tiempos de lluvia, la comunidad de sap@s salía de su guarida y vagabundeaban por mi casa decenas de ellos del tamaño de un ‟cuara”; tomaba un palo de escoba y lo utilizaba como rodillo, al final quedaba un puré de sapitos). Me excedí en los juegos a pesar de la voz de mamá que me decía: ‟Abisag NO, le dije que NO!” Que va, era como si me dijeran ‟ande hija, hágalo”, y sufrí los golpes. Sé que todo eso me permitió sobrevivir la adolescencia. Pude jugar. Más gente de la que imaginas no puede jugar.

La mayoría de la gente vive para trabajar. La realidad es que el sueldo no da para vivir bien. Ahora la estrategia es un trabajo secular de 8 a 5, vender Fuxion o Zrii o mejor dicho, acosar a todo ser vivo para venderles Herbalife, Fuxion, Amway o Zrii, traer mercancía del exterior y revenderla, intentar la moda de correr, hacer crossfit o algún deporte Y… si acaso dormir entre 4 y 5 horas. ¿Qué tiempo resta para pensar?

Ninguno.

Pensar es un verbo no un sustantivo. Requiere esfuerzo, tiempo e intención.

El problema central del ritmo de vida impuesto por el capitalismo es que nos roba el tiempo para pensar y actuar a nuestro favor. Es más importante trabajar para llevar el pan a la casa o para encajar en la sociedad con un modelo de celular más avanzado. Es más importante entretenerse para liberar el estrés que causa el mucho trabajo, más el tranque, más la frustración de no poder hacer otras cosas que nos dan felicidad.

Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. Salmo 37: 7a

Ese guardar silencio puede traducirse en: piensa… piensa bien.

El papel de Dios en la vida humana no es resolvernos la vida mientras nosotr@s nos rascamos la barriga, eso es, como recita el dicho ‟vivir pensando en pajarito preñao”, dormir en una burbuja o creer en los cuentos de hadas. O sea pensar sin intención ni esfuerzo. Ese deseo inculcado de esperar todo masticado es parte del problema de una religión desenfocada. De dichos malentendidos como:

 Dios sabe lo que hace

Todo pasa por algo

Dios proveerá

Déjaselo todo a Dios.

Deje usted la frescura joven.

Afortunadamente algunas personas han tenido tiempo para pensar y otras han sacado tiempo de donde no tienen para hacerlo también. Seguramente eso les ha ayudado a sobrevivir la adultez.

Una de las diferencias entre el ser humano y las demás especies es nuestro cerebro y su alta capacidad para pensar. Tome una media hora y anote todo aquello que debe resolver, cada problema y cada frustración. Guarde silencio y guarde también el celular. Dispóngase a analizar qué está haciendo mal o qué puede hacer diferente. Piense en las enseñanzas que rigen su vida pero hacen de usted una persona mediocre que lo quiere todo masticadito. Des-apréndalas.

No se reduzca usted a comer, dormir y defecar. Usted es más que eso. El hoy es siempre un buen día para empezar a pensar. Sepa usted lo que hace y haga que las cosas sucedan, usted genere lo necesario, no le deje lo que le toca a alguien más. Ni siquiera a Dios.

Todo va a salir bien, no porque Dios hará magia (Dios no es un mago), sino porque ya Dios nos dotó de cerebro hace miles de años y nos anima: -guarda silencio, piensa… piensa bien- y haz.

Sé que todo va a salir bien.

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