Me doy cuenta cuando un insecto se posa sobre mí. Las cosquillas de las patas de la mosca me incomodan pero para la gente de las zonas pobres de India, la mosca es casi parte de sí misma. Se posan en sus ojos, en su boca, en sus orificios nasales y es como si nada, algo sin la menor importancia.

En República Dominicana mucha gente trabaja en las zonas de desperdicios y se revuelcan para encontrar plástico o aluminio que intercambian por algunos centavos. El día a día huele a ñinga, su trabajo consiste en nadar entre la putrefacción.

Mi vida no la cambió una persona adinerada ni alguien con fama. No he sido retada por gente reconocida por su belleza o su poder. Al contrario, fueron las acciones de un campesino galileo las que me hacen reconsiderar mis desiciones. Han sido las palabras de gente pobre, las miradas de gente en agonía, las respuestas de personas olvidadas, el semblante de un niño iracundo y el testimonio de mujeres que fueron violadas sin compasión las que retan mi humanidad a ser más, a ser mejor.

Desde que vi y escuché a Amadou sentí un impulso de investigar su apellido, buscar su perfil en facebook y pedirle su dirección exacta para visitarlo. Segundos después entendí que para la mayoría de las personas en Senegal o en Haití el internet es algo que quizá jamás podrán experimentar en esta vida, ni en su reencarnación siquiera. Quizá no puedo ayudar a Amadou directamente, pero intentaré crear conciencia a través de sus palabras y las de otras personas en el tema de la pobreza.

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“Ahora voy a definir pobreza, lo que la pobreza significa para mí:
Es cuando tengo que ir a la escuela pero no puedo ir.
Es cuando tengo que comer pero no puedo.
Es cuando tengo que dormir pero no puedo.
Cuando mi esposa y mis hijos sufren.
No tengo un nivel intelectual suficiente para sacarnos de esta situación, ni a mí ni a mi familia. Realmente me siento pobre. Físicamente pobre, mentalmente pobre.
Y ustedes gente rica que me escucha, ¿qué tienen que decir de su riqueza?”.

-Atman / Haití

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“Por no tener dinero perdí a mi hermana mayor y a tres de mis hermanos. Murieron delante de mis ojos. ¿Porqué? Estaban enfermos y necesitaban cuidados. El hospital al que fuimos era muy caro. Les dieron un pequeño tratamiento y de inmediato les mandaron de vuelta a casa. Nos quedamos con ellos. Al final, eso fue lo que pasó. Dios decidió, pero la causa de su muerte fue nuestra pobreza”.

-Amadou / Senegal

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“A mí la pobreza me entristece, pero más me entristece por causa de la injusticia. Porque si todo el mundo tuviera alimento, por lo menos la [barriga llena], pudieran razonar. Razonar es inteligencia. Entonces podría ser pobre y vivir en una choza pero tendría inteligencia en la cabeza para poder salir de allí.”

-Zica / Brasil

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“Algunas de las personas más generosas que conozco no tienen dinero y así es como debe ser. Cuando no tenemos dinero es un estilo de vida diferente. Cuando ves a personas mayores usted no ve… en nuestro lenguaje nosotros no tenemos una palabra como “porfavor” o “gracias” porque es lo que se espera de nosotros, que compartamos y demos lo que tenemos. Hoy tenemos que decir “porfavor” y “gracias”, tenemos que rogar por cosas. En los viejos días, era algo tácito que compartiéramos cosas. Era parte de lo que éramos. Y no sólo para el pueblo aborigen, sino para todas las gentes alrededor del mundo que harían lo mismo antes [que existiera el] dinero. Pero actualmente “es mío”. Existen palabras como “mío”. No compartimos nuestras cosas nunca más y eso nos mata como seres humanos, como sociedad, como raza. Y cuando digo “raza” estoy hablando de la raza humana. Le negamos a otras personas refugio, le negamos comida a otras personas, les negamos a otras personas su supervivencia, puramente por el dinero”

-Stephen / Aborigen de Australia

Quienes me criaron aún no pueden explicarse cómo desde tan pequeña pude ser egoísta con la comida y con algunas cosas. Desde que tengo uso de razón escuché el sermón de: “¿cómo se dice?” y yo debía responder: “porfavor y gracias”. Soy de las estudiantes que espera a sus profesor@s en la puerta de su oficina con preguntas, estoy allí plantada desde antes de que lleguen. Un profesor en particular me atendió tantas veces y tantas veces me rescató de entre mis dudas, sin querer salir del paso, que en una ocasión le dije: “profesor gracias, muchas gracias” a lo que respondió: “no me dé las gracias, es mi deber“. Medité en eso porque en ese momento no le hallé sentido.

De hoy en adelante no espero los “porfavores” ni las “gracias” de nadie, no me sirven, no los quiero. Hoy me queda claro que es mi deber, es nuestro deber ayudar y dar de lo que tenemos, de lo que conseguimos, de lo que alcanzamos. Batallemos con nuestro egoísmo, no le neguemos a la gente su supervivencia. Dejemos de lado la religión, la política, las opiniones. Al final lo único realmente importante es que yo soy humana y tú eres humano también.

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