Huyendo del cristianismo

En la década del 80 se transmitía en la televisora nacional de Panamá un programa extranjero llamado Club PTL. Un día mi mamá prestó atención y por primera vez escuchó de la importancia de tener una relación personal con Jesucristo. A través de ese programa de televisión, cuenta mi madre, decidió aceptar a Jesús como Señor y Salvador. Fue en el año 1981 que decidió dar ese paso de fe y luego en una campaña de Jorge Raschke lo reafirmó. Demoró seis meses para que mi papá se apegara a la fe cristiana y a partir de que ambos compartían el mismo pensar, caminaron de la mano sirviendo a Jesús hasta que la muerte los separó.

Mi hermano y yo recibimos la enseñanza cristiana y fuimos sometidos a ella durante toda nuestra infancia y adolescencia. Pero llegó el momento en que dentro de la iglesia fui expuesta a discursos teológicos más profundos que inmediatamente estremecieron los cimientos fundamentalistas de la tradición pentecostal a la que pertenecía. A partir de ese momento lo único que podía pensar era en saciar mis inquietudes respecto a la fe. Mi fe no soportó aquella condenación a la ceguera que me hicieron ver como buena y decidí educarme en religión. Me desteté de la iglesia y ese fue el inicio de mi metamorfosis. Durante el seminario compartí aulas con gays y lesbianas, con un sordo y un ciego, con un profesor miembro de la Regla de Ocha y otro ex-pastor que abandonó la fe cristiana por la Santería. Estudié Islam y me familiaricé con la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Recuerdo, ahora con cariño, cuando hacían burla de las denominaciones. Por ejemplo, de la denominación pentecostal los metodistas decían frases como: “a mi iglesia usted va a aprender de Biblia, si quiere aprender a cantar vaya donde los pentecostales”. Todo esto porque lamentablemente la denominación pentecostal es más conocida por su fundamentalismo bíblico, su enfoque en las manifestaciones sobrenaturales (como hablar en lenguas) y sus cultos con duración de 5 horas (2 cantando + 30 min de escuela dominical + 1:30 predicando o gritando + 1 hora de llamado a la conversión y más canto). Es decir, el 10% del tiempo se invierte en enseñanza y el resto en entretenimiento y emociones. Esto me hace recordar que durante nuestra infancia mi familia llegaba los domingos a la iglesia a las 7:30 am. Eran la 1pm y aun estábamos allí. Entre la feligresía un pastor ganaba en popularidad y entre los pasillos se decía de él: “¡ánimo! hoy sí salimos temprano, el sermón no durará más de 30 minutos”. Más adelante descubrí en homilética que el ser humano puede dedicar su atención completa por 20 minutos seguidos, después de eso debe hacer un gran esfuerzo para concentrarse. Es por esto que los mejores sermones tienden a durar entre 20 y 30 minutos máximo, el sermón que sobrepasa este tiempo es débil y forzado. Me hizo todo el sentido.

Al convivir y aprender entre un grupo de seres humanos tan diverso, los prejuicios y bases de mi fundamentalismo se fueron resquebrajando poco a poco. Varios días vestí de negro, enlutada por el cuento de Adán y Eva, la pareja de osos que devoraron a los 42 chiquillos que se burlaron de la calvicie de Eliseo, mi amado Jonás y la ballena, las calles de oro y el mar de cristal. Muchas veces me encontró la mañana con los ojos hinchados por la tristeza que me provocó el adiós a la literalidad de esos cuentos que tanta alegría trajeron a mi vida, que tejieron la visión que tenía del mundo y mi esperanza en el futuro.

Durante ese tiempo también me empapé en la política, especialmente con el imperialismo gringo y el conflicto palestino-israelí. Comenzó a tener sentido para mí la lucha en contra del patriarcado y la marginación de la mujer, la muerte lenta del planeta por mano humana, la xenofobia y la batalla por los derechos de la comunidad LGBT y cada una de estas cosas coincidían en una cosa: eran sustentadas y potencializadas por las interpretaciones bíblicas tradicionales.

Comencé a impartir estudios bíblicos mientras también dedicaba tiempo a ver documentales humanistas como Zeitgeist o a buscar charlas de Noam Chomsky en Youtube. Luego comencé a escuchar debates entre científicos ateos y hombres de fe, fuesen cristianos, musulmanes o judíos (lamentablemente, los debates con contenido se manejan entre puros hombres). También presté atención a testimonios de personas cristianas, de nacimiento y de conversión, que abandonaron su fe a raíz de la racionalidad y los descubrimientos científicos. Al mismo tiempo, chocaba diariamente con el tradicionalismo de mi iglesia que se constituyó un obstáculo aún más poderoso por el hecho de ser yo joven, mujer y huérfana de padre.

Intenté en vano comunicar lo aprendido a una comunidad profundamente patriarcal. Debí no solo tocar la puerta sino meterme también por las ventanas o, como el paralítico, bajar por el techo. No debí esperar a que por amor me tomaran en cuenta o confiar en la bondad que viene de gratis dentro de un cristiano ni en la compasión que viene incluida en el corazón de las cristianas, sino que cuando eso no fue cierto debí resistir pasivamente allí y tal vez tocar las puertas de otras iglesias más pequeñas, menos diluidas y poco interesadas en el dinero y el poder.

No le tuve paciencia a esa gente de generaciones pasadas ni me dediqué a su forma anticuada de aprender, no resistí pasivamente sino que esperé en el amor que no llegó. Viví cosas desagradables en la iglesia y vi comunidades cristianas promoviendo el sionismo, la homofobia, el imperialismo capitalista, la opresión, la misoginia, la desigualdad de clase y de género, la islamofobia y el consumismo como cosas benditas por Dios. Es fácil navegar en internet y darse cuenta de que el cristianismo de hoy es menos compasivo, está menos interesado en la educación y en los derechos para tod@s, está menos involucrado en acabar con la guerra y sumamente reacio a articular sus posturas, contestar preguntas y aceptar críticas a diferencia del ateísmo, lamentablemente.

Viendo todo esto quise dejar de ser cristiana y así evitar que me contaran entre ese grupo terrorista. Según la RAE el terrorismo se define como la dominación por el terror o una sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. ¿Le suena a algo la doctrina del infierno? Terrorista he sido, pero ya no lo soy. Intenté con láser borrar mi nombre del Libro de la Vida y soltar la cruz. Pero volteé la mirada hacia mi momento sagrado con la Divinidad, el único momento que nadie me puede arrebatar porque lo viví yo y sé que algo sobrenatural metió su mano para que esos horribles días mejoraran. Vi The Fourth Kind (2009), The Conjuring (2013), The Possession of Michael King (2015), The Nightmare (2015), entre otras y a pesar de que no soy mística creo que es posible que no todos los testimonios de estas personas sean falsos. Si quiero que me crean debo estar abierta a creerle a la demás gente.

Los milagros de la Biblia como la apertura del Mar Rojo, el nacimiento virginal de Jesús, la multiplicación de los panes y los peces, el caminar sobre las aguas, son textos que se han interpretado y enseñado como el tipo de milagro que no son. Según la RAE un milagro es un hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. Esta definición es muy simple para la envergadura de los milagros bíblicos. No es el simple hecho de caminar sobre el mar sino el hecho de que a pesar de la peligrosa tormenta Jesús corrió el riesgo de ir a ayudar a sus amigos, no es que un pan se convirtió mágicamente en 5000 piezas de pan sino que la poca comida que tenían decidieron compartirla con un grupo numeroso de gente hambrienta, aunque el pedacito les quedara en una muela. Los milagros que involucran a Cristo consisten primordialmente en que el ser humano es capaz de superar ese instinto primitivo de supervivencia y darse completamente a quien está enfrente, humanizarse y sacrificarse por el bien común, por los grupos marginados, por las personas olvidadas.

Escuché a los ateos y estoy de acuerdo con la mayoría de sus argumentos; creo que es engañoso y perjudicial estudiar la Biblia literalmente. Iglesia, si a estas alturas del partido esperas que crean lo increíble debes estar dispuesta a todo. La fe ciega no es bíblica, es un dogma inventado por quienes se sirven de la fe cristiana para controlar a las multitudes y sus dineros y sus decisiones y proteger el poder centralizado. He reflexionado y mi experiencia con Jesús y el Dios de milagros es imborrable, he experimentado que al poner la fe en personas siempre quedaré defraudada porque el ser humano comete errores. Es por esto que después de los tiempos difíciles que pasé dentro de la iglesia fijo la mirada en Jesús y todo lo que de él aprendí.

Ser cristiana es ponerme en los zapatos de l@s no cristian@s. Ser cristiana significa para mí tolerar a la otra persona teniendo siempre presente que puede que ella tenga razón y yo no, o puede que ambas tengamos parte de la verdad. Soy primero humana y luego cristiana, por eso ser humana es para mí ponerme en los zapatos de quien opina diferente y tener siempre presente que la opinión y la actitud de alguien obedecen a su crianza, a lo único que conocen y por eso deben haber segundas, terceras y cuartas oportunidades.

En conclusión, sigo intentando abandonar el cristianismo diluido y literal para acercarme más a Cristo. Urge iniciar esfuerzos en la educación teológica de la iglesia, en articular nuestra fe que no es ciega sino que es razonada y pensada, en amar y tolerar, en crear espacios para ser cuestionad@s y así reforzar nuestras creencias y mitigar la fama de tont@s, crédul@s y supersticios@s que nos hemos ganado. El mundo corrupto y los pueblos que viven hoy en el destierro y el egoísmo de quienes tienen las armas, el dinero y el poder necesitan conocer a un Dios que sería incapaz de crear un lugar de tormento eterno. Ese dios que condena al infierno es uno que se parece más al humano inmisericorde que al Dios revelado en Jesucristo y ese dios de infierno no es aquel que predica el cristianismo. Cristo es reconocido porque abandonó su instinto humano de sobrevivir y amó sin límites, ese es el Dios que predicamos. Aunque suene a herejía, no hay cosa que yo pueda hacer para borrar mi nombre del Libro de la Vida, ni el ateo, ni el musulmán, ni el santero. El paraíso es todo lugar donde las injusticias son erradicadas y ninguna persona tiene más valor que otra, el infierno es lo contrario. ¡A crear paraísos!

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