¿Hasta cuándo le echaremos la culpa al dinero,
a la comida,
a la nacionalidad,
al gobierno,
a la religión,
a la tecnología?

Ninguna de estas cosas tienen vida… son cosas, son inertes.
No sienten, no opinan, no deciden.
Por el contrario, el ser humano sí siente, sí opina y sí decide.

No es el dinero.
Es la persona que no sabe administrar el dinero para bien,
es usted quien considera al dinero más valioso que la moral, la justicia y la verdad.

No es la comida.
Es la persona quien no se resiste a las papitas y a la coca cola y a la nutella,
soy yo quien decido engordar y luego me lamento,
soy yo quien pospongo el ejercicio y me vence la obesidad y la enfermedad.

Es Hitler, Stalin, Mussolini y sus seguidor@s, no l@s aleman@s, l@s rus@s o l@s italian@s.
Es la opresión y la violencia de ciertos seres humanos quienes arrinconan y sacan lo peor de otros seres humanos.

No son los gobiernos.
Es usted que prefiere sobornar al policía para evitar una multa de tránsito y le pone precio a su voto; actos que promueven la corrupción.
Es usted quien se abstiene de protestar en las calles por NO más edificios y NO más tala, quien NO alza su voz porque lo correcto se haga.
Es usted quien bota la basura en la calle o quien no amonesta a quien lo hace.
Luego culpa al gobierno por pésimos sistemas de alcantarillados y la ligereza de los permisos de construcción.

No es la religión, es quién la enseña…

No es la tecnología.
Es usted quien regala celulares a muy temprana edad.
Quien no limita los tiempos de juegos de video.
Quien no limita la televisión.
Quien no custodia el internet.
Quien no juega barajas con sus hijos.
Quien no juega ajedrez con sus hijas.
Quien no les inicia en el voleibol, la patineta, el ballet, el fútbol o el karate.
Es usted quien coloca a la tecnología como madre o padre sustitu@, a su conveniencia… negándole su compañía, su guía y su tiempo a la niñez.

Es usted y soy yo.

No caigamos en lo absurdo de culpar a cosas que no tienen vida y que no pueden asumir la responsabilidad de nada.

Ni el dinero,
ni la comida,
ni la nacionalidad,
ni el gobierno,
ni la religión,
ni la tecnología…
pueden ir a prisión, o tomar responsabilidad, o pueden sufrir castigo, o entristecerse, o mejorar por sí mismas.
Usted sí puede y yo también.

Bendita culpa que nos hace anhelar cambios en nuestro proceder. Ojalá esa culpa sea útil para encaminarnos a ser mejores al final.

Está en usted y en mí hacer que cada cosa sea para el beneficio propio, de las gentes y del planeta.

Hagámoslo!

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