Su madre era incapaz física y mentalmente de cuidarle, era adicta a las drogas y padecía depresión. Un tiempo su abuela se encargó de él pero junto a ella su infancia tiene más recuerdos ingratos que momentos felices. Ella era víctima de violencia intrafamiliar y los episodios eran casi diarios. Camino a la escuela cuando tenía 8 años una vecina que, como todo el barrio, escuchaba los vidrios estrellados y las puertas resonar, le dijo: -escóndete en el closet o debajo de la cama, cierra los ojos y repite *esto también pasará*- y eso hizo día tras día hasta que encontró una pandilla cuya noción de familia era bonita comparada con lo que vivió con gente de su sangre. Hoy sigue en ese bajo mundo, ya experimentó las drogas y la cárcel.

No contaminar los ríos y los mares, no robar, no solucionar los pleitos con armas, no pelear por “miradas feas”, estudiar, trabajar honradamente, no propinar violencia a su pareja, no botar basura en las calles, arreglar el motor de su auto para evitar los humos tóxicos que dañan la capa de ozono… son cosas que este muchacho no tiene la capacidad de contemplar. Lo que no se conoce no se puede amar o cuidar. Este joven no conoció el jugar en el río con alguien que le amara ni caminó en la playa con alguien que se preocupara por él, tampoco vió a su padre y madre tratarse con respeto y por todo eso y más muy poco le importa este mundo de desilusión y amargura que le ha tocado.

No le pida a la gente más de lo que puede dar. No le exija a la gente más de lo que está capacitada para dar. Que siempre sea su primera opción tratar a la gente como gente porque los seres humanos tienen de por sí un valor intrínseco e inherente. Medite en que cada persona actúa como actúa y piensa como piensa porque muy posiblemente su entorno le formó de esta manera y no ha tenido la opción de actuar o pensar diferente.

Lo mismo sucede si usted nació en la fe cristiana y hoy teniendo más de 20 o 30 años se considera practicante del cristianismo. Hoy considera que la fe en Jesús es el único camino, la única verdad y la única vida. Hoy considera que quienes no abrazan su creencia se merecen el infierno y usted el cielo. Me detengo a decirle que no hay compasión en su ser si lo anterior aplica a su vida, pero usted es inocente. No ha conocido quién le guíe a otras interpretaciones del texto bíblico que no sean exclusivistas en el tema de la salvación. Exactamente sucede con grupos yihadistas musulmanes como el talibán y los salafistas, es posible que como usted practican su única opción y en este sentido también son inocentes.

Como diría Richard Dawkins a un estudiante en el documental de tres episodios llamado The Genius of Charles Darwin: “¿entonces la razón por la que crees lo que crees es porque eso te dijeron primero? El biólogo pudo notar que unas pocas horas de clase de ciencias no son suficientes para competir con cientos de años de adoctrinamiento religioso. Quizá la cantidad de años de adoctrinamiento a la religión que hoy usted practica será la misma cantidad de años de estudio que usted requerirá para reconsiderar sus puntos de vista, creencias u opiniones y espero que le quede tiempo para eso.

Lo que sí es importante que considere pronto es que la gente a su alrededor probablemente no tuvo las mismas oportunidades de educación o familia que usted sí tuvo, ni un maestro o una profesora que le motivara ni tampoco un ser humano que le tuviera paciencia. Si tuvo algo de eso, probablemente no pudo superar la muerte temprana de alguien que sí le amó o sufrió algún suceso que le trastornó y económicamente no ha podido costear un tratamiento psicológico. Estas cosas no están dentro de nuestro conocimiento y sólo por esa ignoracia y sólo por si las dudas debemos caminar con compasión, empatía y tolerancia. Seguramente en medio de nuestras malas actitudes con gente desconocida que nos maldijo con toda razón hemos dicho para sí: “si supiera lo que estoy pasando.”

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